dijous, 20 de desembre de 2012

Hablo de príncipes, princesas, dragones y mazmorras; de salir volando.


Hablo de príncipes, princesas, dragones y mazmorras; de salir volando.

Conozco muchas princesas encerradas en mazmorras que ellas sienten suyas.

Son esas mujeres que viven con una pareja con la que no disfrutan y no sienten, pero siguen allí, sintiéndose prisioneras, cada cual a su manera.

Yo las imagino en su castillo, en su torre y con un dragón en la puerta, que es la pareja que han elegido y que de alguna manera se convierte en un carcelero, que no lo es, porqué ellas lo han contratado y lo mantienen ahí.

Ahora veo que de algún dragón sale humo, otros no son capaces ni de eso. Pero siguen encerradas.
Si esto lo escribiera una chica, tal vez vería príncipes encerrados y dragonas en celo, pero a mi... no me van los príncipes y todavía menos las dragonas.

A lo que iba, comparten una relación en la que ya no se comparte nada, más que el tiempo y la ruina. Y he escrito ruina, no rutina.

Los días pasan y la infelicidad se instala.

¿Sabéis qué?
Nunca me he sentido encerrado por mucho tiempo, pero lo peor es sentirse dragón.

No tengo solución para las princesas encerradas, aunque sigue en mi cabeza la canción de Desechos: La vida es dura y nosotros más (…) si no es para darle la vuelta, mejor no le des más vueltas (…) será la alergia que me da la vida hecha de excusas (…) de tanto darle vueltas al final, encuentras la salida que buscas, la hoguera va a encenderse una vez más...

A lo que iba, que me disperso...
lo malo es sentirse dragón y mirar hacia dentro y sentir que no eres capaz de dar felicidad a tu princesa, mirarte al espejo y verte verde, sacando humo por las narices y con unas garras que no te corresponde, pero con las que tu princesa te ha disfrazado.

Ahí sí he encontrado solución, y es lo que me ha pasado en mis últimas dos relaciones... por ello, me he negado a ser dragón, me he prendido fuego y me he convertido en Ave Phenix, de hecho, todavía sigo en llamas.

Sí, sigo en llamas pero ya estoy volando, que es lo más difícil, luego las llamas se apagarán y me convertiré en una golondrina de vuelo nervioso, estado al que llego de vez en cuando. Más adelante me transformaré en un águila y planearé los cielos, buscando un lugar en el que reposar en calma, pero de momento me toca seguir surcando los cielos, hasta encontrar la calma y aterrizar.

Pero bueno, siempre queda esperanza y conozco cuentos de príncipes y princesas, sin dragones ni mazmorras y algún día tendré mi cuento, pero de momento, me encontrareis volando.